 Escapadas
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9 de Julio La ciudad de Nueve de Julio, en la provincia de Buenos Aires, se destaca por su carácter agropecuario. Sin embargo, posee uno de los pocos baluartes de la economía menuda rural: un viejo almacén de ramos generales. |
Nueve de Julio es hija de malones, porque fue fundada, al igual que muchas otras ciudades de la provincia de Buenos Aires, como fortín contra el indio bravo. Hoy es una urbe pujante, bella y limpia, y con sabor a tradición.
En sus orígenes, como sucedió con tantas otras localidades hoy florecientes en la vasta pampa, fue un reducto contra esa indiada que constantemente amenazaba poblados ya establecidos, como Bragado, Veinticinco de Mayo o Junín. Así fue como en 1863 se creó este pueblo situado en las proximidades de tres lagunas. Una de ellas aún subsiste casi tal cual dentro del hermoso parque municipal San Martín. El espejo, muy cuidado, es auténtico orgullo de la ciudad.
Por lo demás, Nueve de Julio es un polo agroganadero e industrial importante sobre la RN 5 que conecta Buenos Aires con La Pampa, con bibliotecas, museos, clubes, buenos restoranes y hoteles. De sumo interés es el museo y archivo histórico General Julio de Vedia, donde puede aprenderse mucho de la conquista de las llanuras pampeanas. Muy particular son, asimismo, las cinco plazas públicas, una central y cuatro en la periferia del ejido, de las que, sin embargo, no todas sobrevivieron.
Pero, como a veces ocurre, acaso lo más curioso y que merece la pena conocer se encuentra en las afueras del damero urbano, como a media legua. Es un antiguo almacén de ramos generales, posada e histórica posta llamada El Recreo, sobre el viejo camino natural a Buenos Aires, antes de tenderse el pavimento de la actual RN 5. Este centenario comercio, hoy trasformado en museo, se preserva como en sus mejores tiempos y permite al visitante echar un vistazo a un pasado del que habrá oído en relatos de sus padres o abuelos.
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por Federico Kirbus Desde el punto más profundo de América, 108 metros debajo del mar, hasta los pasos de montaña más altos; desde los desiertos más estériles hasta las yungas: durante medio siglo Federico Kirbus, con su esposa Marlú, ha transitado el país en busca de los sitios más recónditos sentando las bases para el moderno turismo de aventuras en procura de lo que él llama "ni fácil, ni imposible". |
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