Escapadas
Las aguas mágicas.
Pocos lugares en este extenso y hermoso país resultan acaso tan atrayentes como Rosario de la Frontera, en el sur de Salta. Ya el nombre irradia encanto. Pero más aún que la pequeña ciudad, rodeada de montañas verdes, son sus antiguas fuentes minerales las que fascinan al turista.
Rosario se llama ?de la Frontera?, porque se encuentra en el confín de la región silvo-pastoril. Antes de que siquiera existiese un poblado ya era famosa por sus fuentes termales. En 1875 un facultativo español, el doctor Antonio Palau, se había enterado de que en ese sitio brotaban aguas calientes con sorprendentes propiedades terapéuticas. En una época en que aún no se habían desarrollado los analgésicos, una cura termal traía alivio a muchos pacientes. Palau quedó tan impresionado por las fuentes termominerales que primero instaló unas carpas y en 1880 construyó en el sitio un lujoso hotel inspirado en las más exclusivas termas europeas de la época, como Karlsbad o Spa. Este establecimiento ha sido reciclado y es hoy uno de los mejores de su género en todo el noroeste. Dista apenas diez kilómetros del pueblo y se encuentra cerca de una importante estación ferroviaria, llamada Los Baños, construida por el Ferrocarril Central Norte.  Desde Domingo Faustino Sarmiento pasando por muchas otras celebridades, millares de pacientes buscaron y encontraron alivio gracias a las aguas llamadas ?casi milagrosas?, de características clorosulfatadas, silicatadas, bicarbonatadas y sódicas. Son nueve manantiales donde brota el líquido a 35 grados. De las mismas fuentes se embotella la muy apreciada agua mineral Palau. Es un lugar encantador, casi mágico por su entorno siempre verde. Rosario de la Frontera se halla a 935 metros sobre el mar y dista, por las rutas 9 y 34, exactamente 996 kilómetros de Buenos Aires.

Federico Kirbus por Federico Kirbus
Desde el punto más profundo de América, 108 metros debajo del mar, hasta los pasos de montaña más altos; desde los desiertos más estériles hasta las yungas: durante medio siglo Federico Kirbus, con su esposa Marlú, ha transitado el país en busca de los sitios más recónditos sentando las bases para el moderno turismo de aventuras en procura de lo que él llama "ni fácil, ni imposible".
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